LAS RUINAS
Silvio Rodríguez (Cuba)
Los caldeos, los asirios, la Roma del poder
supieron resumir mejor;
lo helenos, los egipcios, los hijos de Israel
ya estaban conversado del amor.
Hubo templos y ciudades sólo para adorar
el culto del alma y la piel;
hubo diosas seductoras y bosque para amar,
y hasta la guerra hubo por una mujer.
�Qué te podría decir desde hoy?
�Qué ceremonia podría venerar?
Siglos pesados como coliseos
aplastan cualquier invención.
Hay piedras, hay ruinas oyéndome hablar,
oyendo decir: te amo, te amo.
Palabras que han cruzado el desierto entre dos,
circundaron la tierra y volvieron del sol:
...te amo, te amo...
Después de pasado tanto, no puede importar
que ponga un dedo en el amor;
que me guste observarte a través del cristal
de un vaso dibujado con color.
Es lo que nos han dejado. Me debo conformar
con la simpleza de querer:
me dedico a poner flores alrededor de ti
y palmo a palmo a bendecir tu piel.
El siglo XX no da tiempo a más:
en su corriente se ahogan las ruinas.
Mas el torbellino se para a momentos,
y hay calma y hay contemplación.
Entonces las ruinas pueden escuchar,
pueden sonreír: te amo, te amo...
Cuelgan de las palabras
sargazos del mar.
Son cristales de la nieve y sabor de la sal.
...te amo, te amo...
Del polvo de las ruinas se levanta el amor:
polvo que se respira y de nuevo voló.